Cuento sufí: La conferencia Imposible


 




Nasrudin, sabio maestro sufí, llegó un día a una aldea en la que antes nunca había estado.

La gente lo esperaba con gran entusiasmo porque era famoso; y cuando supo que estaba dispuesto a dar una conferencia, una gran multitud se congregó en el lugar del evento.

Cuando ingresó al recinto, se paró frente al público y abriendo los brazos les dijo:

- Ya que se han reunido tantas personas para escucharme, supongo que sabrán qué es lo que voy a decirles.

Todos contestaron a coro:
- No, maestro, no lo sabemos

Entonces él les respondió:
- Si no saben qué es lo que vine a decirles es que no están preparados para escucharlo. Diciendo esto, dio media vuelta y se fue dejando a la gente muy sorprendida.
 
Su ayudante, antes de retirarse, le dijo a la audiencia que esa había sido una gran oportunidad para que todos pudieran aprender una excelente lección, y los invitó a solicitarle al sabio que diera una segunda conferencia.

Fue así que una gran cantidad de gente se organizó para ir a buscarlo y pedirle una nueva presentación.

El maestro les dijo que todo su saber se podía reunir en un grano de arroz y que una segunda conferencia era inútil, pero esas personas estaban muy decididas a escucharlo e insistieron hasta convencerlo.

El peculiar comportamiento del sabio en la primera conferencia hizo que en esa segunda oportunidad se congregara aún una multitud mucho mayor, pero antes acordaron preparar una mejor respuesta si se producía otra eventual sorpresa.

Comenzó Nasrudin su segunda disertación con estas palabras:

- Supongo que tanta gente se ha reunido sabiendo lo que voy a decirles.

Entonces, todos contestaron a coro y a viva voz:
- Si maestro, lo sabemos, por eso vinimos.

Al oír esto, el sabio contestó:
- Bueno, si ya lo saben no veo el motivo que existe para volver a decirlo.

Y sin decir una palabra más, se volvió a retirar.

Nuevamente los asistentes sintieron gran perplejidad y estupor ante sus breves palabras, pero admirados por su gran sabiduría volvieron a solicitarle una tercera y última conferencia.

Otra vez un gran número de personas fue a rogarle para que les hablara al día siguiente; y frente a tanta insistencia no pudo negarse y aceptó de inmediato.

Por tercera vez el maestro estaba frente al público, que parecía haber crecido considerablemente. Sin perturbarse en lo más mínimo comenzó la tercera y última conferencia con las mismas palabras que en las anteriores.

- Supongo que todos ustedes ya sabrán lo que voy a decirles.

Los asistentes, previendo escuchar la acostumbrada introducción y habiendo planeado contestarle algo más ingenioso, dijeron a coro:

- Algunos sabemos pero otros no.

Luego de un largo silencio, se escuchó su voz diciendo:
- Bueno, si ese es el caso, los que saben instruyan a los que no saben.

Con estas palabras dio por terminada su tercera conferencia, dio media vuelta y se alejó.

Este cuento sufí, pone en evidencia la tendencia que tiene la gente en interesarse por lo consagrado según la imagen que ha creado el público, aún cuando las circunstancias demuestren que no está a la altura de esas expectativas.

A la vez expone la lamentable alquimia que se produce cada vez que se le ofrece oro a la multitud: éste se convierte en barro.

Fuente: “Cuentos del Sufismo”, Selección, traducción y comentarios de Guido Tavani, Editorial Quadrata, 2007.

2 comentarios:

Anyol dijo...

Bueno, no conocia este cuento.

Maria Eugenia Arias Lozano dijo...

mira que es bueno

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